COMENTARIO SOBRE LA NOVELA LA VEGETARIANA

COMENTARIO SOBRE LA NOVELA LA VEGETARIANA

 

         CRÍTICA DE LA NOVELA LA VEGETARIANA

La Vegetariana, novela de la autora coreana Han Kang, es un relato tan delicado como duro, tan clarividente como obscuro, tan escueto como complejo en el tratamiento de un asunto incomprensible para la mayoría, en la próspera sociedad surcoreana abrazada a un capitalismo feroz: el de la renuncia a comer carne. La estructura narrativa, aparentemente sencilla, a mi modo de ver es el producto de una elaboración muy sutil y detallista, donde todo encaja a la perfección. El lenguaje es desnudo y sencillo, desnudez que  llega a ser  escabrosa, no obstante hay algunas pinceladas líricas: “Un lirio de la mañana de color naranja floreció en la concavidad de su vientre y sobre sus muslos cayeron profusamente hojas grandes y pequeñas de color dorado.” La novela es un canto muy triste, compasivo y hermosamente desolador, a la renuncia, la renuncia voluntaria a un supuesto placer en una sociedad hipercapitalista.

La Vegetariana ha sido publicada en español por la Editorial Rata, se trata de una editorial nueva que se ha propuesto hacer ediciones muy cuidadas, como es ésta de la que estamos hablando, aunque echo en falta un Índice. En mi opinión, los colores rojos y negros de la portada, contraportada, solapas y guardas inducen ya a entrar en una historia que es desde la primera línea soterradamente violenta, claustrofóbica y descorazonadora.

En el Prólogo se dice que “la protagonista avanza hacia su ideal”, no creo que ella busque “su ideal”, sólo va inexorable y mansamente hacia su aniquilamiento como mujer y como persona, no ve otra salida que la de renunciar a vivir en un cuerpo femenino menospreciado y arrumbado en un entorno terriblemente misógino. Yeonghye se va internando en la vía de la autodestrucción porque su carácter no es capaz de encontrar otro camino en una sociedad profundamente patriarcal y consumista, busca la autodisolución de sus formas femeninas como escape de la tiranía misógina y de unas relaciones laborales y familiares deshumanizadas.

La novela se estructura en tres partes: la primera, La Vegetariana, es la que da título al libro, aquí conocemos a la protagonista a través de la voz de su marido, se casó con ella por ser una mujer corriente sin ningún atractivo ni cualidades especiales, incluso confiesa que las mujeres bellas o inteligentes o sensuales le incomodan, llega a confesar su complejo de inferioridad como hombre en las relaciones íntimas. La voz de la protagonista sólo la oímos cuando relata sus sueños obsesivos, también la escuchamos escuetamente en algunos diálogos donde la palabra más utilizada por ella es “no”; la mujer corriente, vulgar, anodina, sin cualidades, se atreve por fin a decir “no quiero”, no quiero seguir ejerciendo el papel de esposa sumisa y perfecta en mi vulgaridad. La segunda parte se titula La Mancha Mongólica, aquí es la voz del narrador quien nos mete de lleno en la personalidad del cuñado de Yeonghye, así se amplían las miradas y nos vemos sumergidos en un conflicto aún mayor a partir de las propias obsesiones del cuñado, es un artista con más sueños de hacer la gran obra de vídeo-arte  que realidades. Los sueños perturbadores de la protagonista, su firme decisión contra las convenciones alimenticias familiares, y la turbulenta obsesión del cuñado artista desencadenan el gran drama. La tercera parte lleva por título Los Árboles en Llamas, ahora  el narrador en tercera persona nos acerca a la mirada de Inhye, la hermana de la protagonista, tras el derrumbe de su vida; la narración en tercera persona va intercalada de fragmentos en primera persona con los sueños y las palabras de Yeonghye. El cariño fraternal y el sentido de la responsabilidad de Inhye hacia su hermana menor se entrelazan amargamente con el espanto por lo sucedido. Compasión, responsabilidad, rechazo, sentido del deber, amor-odio, culpabilidad… son algunos de los sentimientos que experimenta la hermana de la protagonista. Sin desvelar más de la cuenta, diré que el final me parece desolador: pájaro negro, nubarrones, ojos heridos por un sol penetrante, árboles que arden a la vera del camino, verdes llamas como bestias en pie, mirada sombría y tenaz.

Para un vegetarianismo alegre, sensual, placentero, (como es el de muchos de nosotros) que sabe disfrutar de las exquisiteces culinarias, esta novela  más que hablar de comer o no comer carne, es un grito contra la cosificación del cuerpo femenino, es una muestra de resistencia pasiva contra una sociedad jerarquizada en cuya cúspide están hombres poderosos y en la que se da un gran desequilibrio entre lo masculino y lo femenino. La protagonista diluye sus formas corporales femeninas, igual que en otros lugares del mundo el burka esconde a la mujer en un aquelarre de miedo, odio, desprecio contra el cuerpo de las esclavas y sumisas.

La novela de Han Kang es inquietante y tristemente hermosa. La prologuista  establece relación con La Metamorfosis de Kafka, efectivamente en La Vegetariana su protagonista también experimenta una mutación desde su liviana femineidad hasta llegar a convertirse en una forma casi vegetal. Para mí se trata de una parábola que busca impactar la conciencia del lector para lograr quizás la re-humanización de las relaciones sociales, transmutando la activa violencia animal en la pasiva y hermosa presencia del mundo vegetal. Según cuenta la propia autora, fue una frase del escritor coreano Yi Sang en  plena ocupación japonesa la que se encuentra en el origen de esta novela: “Creo que los humanos deberían ser plantas”.

Yo, sin embargo creo que las personas debemos ser ante todo seres humanos racionales que emprendamos una labor de rehumanización, y que a través de la observación, escucha y contemplación de los árboles y del mundo vegetal en general, entremos en una etapa de un nuevo humanismo y establezcamos un sistema que hemos dado en llamar HUMANOCRACIA.

 

 

 

 

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