PENSAR EN PAZ. VIVIR LA PAZ

PENSAR EN PAZ. VIVIR LA PAZ

Rogamos por las madres y los padres que han perdido a sus hijos, pedimos para que esas madres que los dieron a luz sean capaces, ahora que se los han arrebatado cruelmente, de encontrar la luz del perdón siguiendo la estela de la paz, aunque aparentemente todo esté en contra.

No, no pedimos por la paz, (nos parece bien que algunos lo hagan)  porque pedir por la paz es afirmar que no la tenemos y que estamos en guerra. Nosotros estamos en la Paz en nuestro interior, porque nos esforzamos cada día en conseguir que nuestros pensamientos más profundos sean pacíficos, así no les dejamos espacio al odio ni a la guerra en nuestras vidas. Algunos pensarán que esto no es posible porque el mundo entero está en guerra y que, aunque no queramos, los enemigos están siempre ahí, al acecho. En parte tienen razón, es verdad que sin buscar enemigos, el enemigo busca al pacífico para convertirlo en su enemigo personal de por vida, pero la treta es jugar al escondite para evitar que nos encuentre. No somos tan ingenuos como para pensar que no existen enemigos, lo que pretendemos es no darles cabida en nuestros corazones, ni en nuestros discursos, ni en ningún ámbito de nuestra vida personal. Al fin y al cabo, lo verdaderamente importante y necesario es no tanto impedir que existan enemigos como que éstos no encuentren acomodo en nuestras intenciones ni en nuestros pensamientos. Vivir y expresarnos como si no existieran y no darles ninguna fuerza en nuestra conciencia íntima.

Así pues, de lo que se trata es de cultivar nuestro jardín interior, cada cual el suyo, para no dejar lugar dentro de nosotros al pensamiento del odio, ni al pensamiento del poder. Conviene tener siempre presente que el pensamiento poderosísimo del Poder consiste precisamente en crear constantemente la figura del enemigo, las ideologías de la confrontación, los bandos y las oposiciones excluyentes, por eso los partidos políticos (que tuvieron su función en los siglos XIX  y XX) ya no sirven en el siglo XXI, ¡ninguno! Son rémoras del pasado que impiden a las personas pacíficas transitar con gozo y serenidad desde la democracia hacia la HUMANOCRACIA.

En lugar de rogar por la Paz, es preferible vivir en la paz íntima, pensar en paz, (no es sólo un leve matiz semántico, es una diferencia filosófica y vital fundamental). Vivir en Paz incluso en medio de la guerra, sentirse libre incluso estando encerrado, escuchar armónicos aunque haya griterío alrededor, escribir aunque no tengamos lápices ni teclas de ordenador, y leer la Vida y la Naturaleza aunque hayan quemado todos los libros.

Y si talan todos los árboles, volveremos a plantar troncos robustos y hermosísimos que nos cobijen de tanto refulgir enloquecido; reforestaremos campos, pueblos y ciudades, también caminos, senderos desde el mar a la montaña, plantaremos árboles en el planeta entero y más allá de las estrellas si algún día las alcanzamos.

Y si abaten todo el Patrimonio cultural de la Humanidad, volveremos a levantar chozas y cuevas y castillos y palacios, y templos y ermitas y catedrales y lonjas y mercados y puentes y torres y faros y bibliotecas… y hasta panteones y cementerios crearemos para enterrar a todos los muertos.

Y en lo más alto izaremos bandera blanca, ésta será nuestra única enseña. Junto a la bandera verde que es el bosque en primavera. Los paisajes del otoño, sus hojas caducas esperando su retoño serán nuestra bandera roja, anaranjada, ocre y gualda. Los cielos limpios preñados de juguetonas nubecillas serán nuestra bandera azul ondeando sobre los océanos del mundo.

Y seguiremos nuestro propio camino, alejándonos de los envenenadores pero sin odiarlos porque odiándolos les daríamos cabida en nuestro recinto más íntimo. Así, nos convertimos en señores y señoras de nuestro propio territorio para que nadie ajeno lo colonice. Y sonreímos con ganas porque somos nuestros propios amos, dueños de nuestra voluntad bienhechora, y porque sabemos que nadie ha nacido para ser esclavo de la voluntad ajena ni de ideologías artificiosas propagadoras del odio. Somos SALUD y LIBERTAD. AMOR y AMISTAD. Mensajeros y precursores de la HUMANOCRACIA.

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